Alessandro abrió los ojos al escuchar su teléfono sonar con insistencia, la cabeza lo estaba matando y, a decir verdad, ya ni siquiera sabía qué día era. Desde la tarde en que llegó a casa y la encontró vacía con esa nota de Roberta donde le informaba que se había ido con su padre por unos días, él se dedicó a beber para poder sobrellevar lo que lo estaba matando.
Él no podía creerse que Rebecca, su amada Rebecca, se hubiera ido para siempre, dejando atrás a sus hijos, su vida y todos esos sueñ