—¿A ver esto me trajiste? —preguntó Rebecca, lagrimeando y con los labios tan temblorosos como lo estaba su cuerpo, sus labios por el llanto y su cuerpo por la ira que la estaba invadiendo—. No, pues gracias. Tremenda ayuda me diste mostrándome a mi esposo besando a mi hermana.
Roberto no dijo nada, él ni siquiera terminaba de entender lo que pasaba, pero el lloroso rostro de la menor de sus hijas le hacía doler el alma de una terrible manera.
» Y tú —comenzó a hablar la joven, sin poder dejar