Roberta no podía apartar los ojos de esa mujer que le sonreía un poco amable y un poco sospechosa. La situación era un poco confusa porque, sí, ella había escuchado alguna vez que todas las personas tenían siete personas iguales a ellos en el mundo, pero siempre pensó que eso era una tontería, y ahora comenzaba a considerarlo como algo potencialmente real.
—Mi nombre es Rebecca Morelli —informó esa mujer de cabello rubio, por el tinte—, tu, al parecer, hermana gemela. O eso sería si tuviéramos