—¿Qué pasó? ¿Por qué lloras? —preguntó Chase, preocupado por su hermana mayor—. ¿Algo está mal?
Y, a sabiendas de que no podía explicar lo que ocurría, porque sonaba demasiado tonto, incluso para ella, decir que lloraba porque ya no se podía casar con el tío de las bebés que quería adoptar y que eso le arrebataba la penúltima oportunidad de que fueran sus hijas de verdad.
Sí, penúltima, porque la última opción era demasiado psicópata para implementarla, pero también le había cruzado por la cabe