—¡Hecho! —siseó Ángel sellando la apuesta y acercándose a ella—. ¿Y qué vamos a apostar?
—Un «sí» —dijo Sammy y él arrugó el ceño sin comprender.
—¿Un «sí»?
—Si yo gano, elijo cómo pasaremos un día entero, y tú tienes que decir que sí —lo retó Sammy—. Sin protestas, rezongos ni malas caras. Un «S