Capítulo 82
—¡Suéltame, Diablo! —gruñó Sammy pero en medio de la penumbra solo pudo escuchar aquella risa suave.

—¡Primero muerto!

—¡Eso se puede arreglar, idiota!

—¡Oye, no me robes mis frases! —siseó Darío y alargó la mano para encender una pequeña lámpara que tenían cerca.

A la luz débil de la habitación
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