Sammy sonrió con dulzura y Darío achicó los ojos.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí, Sammy? —gruñó él echándose hacia adelante, porque ya no tenía ningún sentido que siguiera fingiendo.
—¿Yo? Solo estoy celebrando que conseguí el primer contrato para mi empresa —respondió ella encogiéndose de hom