—¡Dios! —Sammy gritó cuando sintió la fuerza con la que entraba, y se dio cuenta de que adoraba aquello, la forma en que podía unirse a él, la forma en que podía poseerla…
—¿Te gusta, princesa…? —preguntó mordiéndose los labios—. Pero todavía está tierno, ¿verdad? —Sammy gemía sobre él, moviendo la