Darío cerró los ojos por un instante y encajó la noticia. No era el tipo de hombre que se llevaba las manos a la cabeza y se ponía a gritar cuando algo inesperado pasaba, y por más que esperara que Sammy sí gritara, ella tampoco lo hizo. Solo se veía… asustada. Muy asustada.
—Oye, no es el fin del