—¿Se supone que debemos beber antes de saltar? —gritó a su vez.
—¡Pues tú sí, porque te voy a hacer una espartana! —se rio Darío y le puso una mano en el hombro—. ¡El paracaídas es automático! ¡Tú solo déjate llevar…!
—¿Quéeeeee...?
Ángel abrió los ojos como platos, porque había estado esperando