Miró hacia la puerta de Cuidados Intensivos, donde todavía se escuchaban los gritos de los médicos, y apretó los labios.
—Vengan conmigo —le dijo a Ángel y este se inclinó para levantar a su hermano.
—¡Vamos, Darío! ¡Vamos, levántate…! ¡Levántate!
Con mucho esfuerzo logró hacer que se parara, por