Margaret, luchando por escuchar las palabras que se intercambiaban entre Alexander y la misteriosa mujer al otro lado de la línea, decidió disimular su interés y se sumergió en el juego con Ben en la refrescante piscina.
El agua cristalina brillaba bajo el sol, creando destellos que se reflejaban en las paredes de azulejos pulidos.
El sonido de las risas y chapoteos llenaba el aire, brindando una sensación de tranquilidad en medio de la tensión que Margaret sentía en su interior.
Alexander, c