La tensión se palpaba en el aire mientras Richard, James y Tom continuaban sus esfuerzos por desentrañar el misterio que rodeaba a Margaret y a Alexander.
— ¡Maldición! ¿Por qué Alice no contesta? Necesitamos su ayuda para resolver todo esto — gritó Richard con frustración.
— Richard, no puedes hacerlo todo tú solo. Permíteme acompañarte a la mansión y buscar alguna pista que nos acerque a Margaret — dijo, James, decidido a todo.
— James, no quiero que te involucres más de lo necesario. Esta si