Cuando Tatiana trató de ayudar al grupo a escapar, tenía los nervios de punta. Nunca la habían atrapado en sus misiones anteriores, pero esta vez había fallado.
Sus palmas estaban sudorosas y su corazón estaba acelerado. Pensó en las consecuencias de sus acciones y en cómo reaccionaría Alexander cuando descubriera que ella era la traidora.
De repente, una mano le tapó la boca por detrás y sintió el frío metal de una pistola contra su cabeza.
— Buen trabajo, Tatiana. Siempre supe que eras dema