Richard llegó a la escuela Brighton con el corazón acelerado por la anticipación y el miedo. Cuando él ingresó, también lo hicieron Margaret con Ben en su silla especial, James y Tom.
Mientras Richard caminaba por los pasillos, divisó a Alexander esperándolo en la oficina principal, sentado en la silla con los pies recarcados en el escritorio de ¡Su oficina!
¿Y cómo demonios había entrado? Aquello era inaudito, alguien debió darle acceso ¿Pero, quién?
— Richard, qué bueno verte —dijo Alexander