Los tres amigos habían salido prácticamente corriendo de aquel lugar que de día era un centro escolar, pero a esas horas de la tarde noche, se había convertido en el mismísimo infierno.
Margaret subió a su auto con el pequeño Ben, sentía el corazón en la garganta. No sabía si Alexander y Tatiana podrían estar acechando desde la lejanía.
Respiró profundo para quitarse la ansiedad y se dio cuenta de que James y Tom habían bajado de la motocicleta y se dirigían hacia el auto.
Ella quitó los segur