Cuando lo conocí, todavía era una simple mesera.
Él era un cliente habitual de nuestro restaurante. Venía todos los días y siempre se sentaba en la misma mesa. Fue un día lluvioso cuando me acompañó a casa, y así comenzó nuestra historia.
Era muy romántico, muy dulce, pero el final fue trágico.
No había terceras personas entre nosotros, ni amantes, solo que esa tal Sofía era más importante para él.
Tan importante que ni siquiera le importó la vida de su propio hijo. No puedo aceptarlo.
Les pedí