Esa noche salimos del hospital. Regresamos al pequeño lugar donde habíamos estado viviendo. La casa no se había habitado por mucho tiempo, así que mi mamá y yo tardamos un buen rato en ordenarla. Al final, estábamos tan cansadas que nos quedamos dormidas al instante.
Al día siguiente, seguíamos presionando para que firmaran el divorcio, pero los Martínez padre e hijo no firmaban.
El tercer, cuarto y quinto día continuamos con la misma rutina. La única diferencia fue que mi mamá y yo comenzamos a