—H... ayuda! ¡Alguien, por favor ayuda! —ella gritaba y luchaba salvajemente mientras el la arrastraba a través de los pasajes iluminados por antorchas de fuego hacia Dios sabe dónde.
No había nadie alrededor y cuanto más la llevaba, más petrificada se volvía.
Había una enorme puerta de caoba al final, la abrió bruscamente y la empujó adentro, al entrar cerró la puerta.
Aria jadeó pesadamente mientras se frotaba el brazo donde él la sujetaba hace un momento, su agarre era tan duro.
Observó cómo