CAPÍTULO CUARENTA Y SEIS: ALEGRÍA PROHIBIDA
na risa se escuchó en esa habitación. Era increíble lo divertido que podía ser de ver el rostro del hombre al solo hecho de haber escuchado al hombre que lo había golpeado casi hasta la muerte. No tenía miedo, eso estaba claro pero pronto lo tendría, más temprano que tarde el hombre en el suelo sería él. Aquel inmigrante iba a pagar caro.
— ¿Cómo quiere lidiar con esto, Sr. González? ¿Lo quiere hacer morir? ¿O es solo una lección para el hombre? —Pre