— ¿Edan?. — Exhaló Vivian, sintiendo un sobresalto en su corazón. — Yo… Vino tu hermano… Y yo… Lo recibí, pensaba que no estabas aquí, lo acompañe por un rato… Y… — Balbuceó Vivian en un intento desesperado, dando patadas de ahogado.
— No te molestes en explicarme, Vivian, me di cuenta de que recibiste muy bien a mi hermano… — Afirmó Edan, dando un sorbo a su taza de té, para luego dejarla sobre la mesa de centro.
— ¿Qué? No entiendes cariño, yo… — Entonó ella suplicante, siendo interrumpida