Edan llegó lleno de ansiedad y preocupación a la casa de Alma, tocando la puerta con fuerza una y otra vez, esperando porque le abrieran lo más pronto posible.
No podía dejar de preguntarse, ¿Le habría sucedido algo a Alma? Porque, por primera vez desde que iniciaron su peculiar relación, ella no contestaba sus llamadas.
Cuando finalmente la puerta se abrió, Edan tuvo que bajar la mirada, la pequeña Diana era quien lo recibía y algo más atrás, venía Noemí, la hermana de Alma.
— ¡Hola, Edan!.