Alma disfrutaba de la cita, de verdad que la pasaba bien, Mateo se comportaba como todo un caballero, atento, amable y dulce, solo había un detalle.
Él no era Edan.
Y por más que Alma intentaba concentrarse en la presencia de Mateo, quien era un hombre atractivo e inteligente, por el que cualquier mujer se desviviría, no lo lograba.
Alma observaba fijamente la dulce mirada de Mateo e inmediatamente la abordaba el recuerdo de los intensos ojos de Edan, que la detallaban con deseo.
Entonces,