Elizabeth me trata como su mascota, me ve como un perro al que le puede decir con total confianza que se siente y sabe que lo hará. Sabe que el perro la seguirá y la obedecerá cada que ella diga algo. Que ella me trate así, no va más allá de la realidad, pues a veces me siento de esa forma. Toda la vida me he sentido como un perrito sin rumbo, uno de esos que se encuentra perdido en un lugar que se siente solo. Esos mismos perros son los que andan por la calle, buscando alguien que los mire po