El contacto fue rápido, hambriento y cargado de una urgencia contenida que buscaba aplastar, de un solo golpe, la frustración que Alejandro traía desde la mansión. Xiomara respondió al beso con la misma intensidad calculada, enredando sus dedos en el cuello de su saco y dejando que su cuerpo se amoldara al de él. Sin embargo, cuando sintió que Alejandro la apretaba con mayor posesividad contra el borde del escritorio, se separó despacio, colocando las palmas de sus manos sobre el pecho del emp