A medida que los días fueron pasando, el dolor se fue mitigando aunque a Valeria le partía el alma cada vez que hablaba con Penélope. El vacío en los ojos de su amiga se podía apreciar a millas de distancia. El señor Rain le había dicho que no sabía que hacer, que la tristeza le estaba consumiendo el cuerpo. La única alegría que tenía era su hijo. Valeria lo había visto poner sus manitas en las mejillas de su madre, como si él fuera capaz de entender su dolor.
Valeria se estaba arreglando par