—Valeria, ya está bien. Pareces perro con pulgas —Penélope alzó las manos al cielo como si pidiera paciencia cuando la vio hacerle caso omiso a sus palabras y volver a caminar de un lado a otro como ya había hecho un centenar de veces.
—¿Y si no viene?
—Para casi matar al tipo hace unos días y despotricar contra él a la mínima oportunidad, te veo de lo más interesada.
—Me estoy comportando como una idiota.
—No, cielo. Estás ilusionada. Y eso no es algo malo. Además no olvides algo —esperó que