Valeria fulminó al hombre que estaba frente a ella. Su ira rugió dentro como un volcán a punto de erupcionar.
—Por si no te quedó claro en la puerta. Lo menos que quiero, es tener algo que ver contigo. Adelante —señaló el camino que estaba detrás de él—. Piérdete.
—No seas tan dura conmigo, pelirroja —le dijo mientras se sentaba y se acomodaba en el asiento que había ocupado Penelope instantes antes—. Cualquiera te diría qué hay que aprender a perdonar.
—Pero tendrás descaro.
—Sí y mucha pacie