— ¿Cómo está la princesita de Nueva York?
Las palabras de su suegra hicieron que Valentina le diera una sonrisa brillante. No le hizo caso a la mirada que le dio David y le contestó con la misma saña.
—Encantada. Voy a decirle a mi padre que tengo un nuevo apodo. De seguro lo adorará.
—Déjala tranquila —le siseó David a Valentina cuando su madre enfiló el camino hacia la casa.
—Ja, que te lo crees tú. Puedes estar seguro que si me busca las cosquillas me va a encontrar. No quería que te busca