Los días se fueron volviendo más fríos a medida que diciembre avanzaba. A Valentina le parecía que llevaba casada una eternidad pero apenas llevaban un mes de matrimonio. Ya podía apoyar su pierna sin sentir el resquemor de la herida y la tirantez de los puntos.
Ella y David estaban aprendiendo a tolerarse. No había un día que no discutieran, pero las noches. Las noches eran suyas. Para amarse. Para entregar sus cuerpos una y otra vez al delirio de la pasión. Para olvidarse del mundo y de lo m