Valentina dejó de bailar aún cuando los demás a su alrededor seguían los compases de la música. Buscó la mirada de David y la frialdad que detectó en esas oscuras profundidades le erizó los vellos de la piel.
—Sonríe —gruñó ese desconocido. Se había dado cuenta que no conocía realmente al hombre que estaba parado frente a ella— No querrás que tu hermana que te está mirando con ojos de águila, sospeche ¿verdad?
—Yo... yo... necesito tomar aire —Valentina se conocía. Además del conocimiento que