16. No es negociable
Duncan y Megan habían quedado en una pose un tanto picante, así que de inmediato se sentaron y reacomodaron las almohadas, — ¿Si abuela? — , dijo Duncan abrazando a su esposa por la espalda para disimular y beso el área sensible de su cuello lo que la hizo estremecerse.
— Escuchamos una pelea y pensamos mal, ¡qué vergüenza!
— Estábamos jugando abuela, disculpe si lo hacíamos en voz alta — , dijo llevando las manos de Megan a su boca y aquel roce mi madre, hasta los vellos de los brazos le erizo