Edon
—Hola cariño—Chiara irrumpió en mi oficina. Movía sus caderas de manera seductora. Se posicionó a mi espalda e inició a masajear.
—Chira, no hagas eso.
—Sé que te gusta, mis dedos son mágicos.
En eso tenía razón, sus manos tenían la magia de relajarme, en verdad necesitaba ese masaje. Estos últimos días han sido estresantes. Ya no sabía qué hacer con Circe, mi mate.
—Relájate, tu trabajo es muy complicado y yo estoy aquí para complacerte.
Cuánto deseaba que mi mate me dijera las mismas pal