Silvia mantenía una actitud serena, como si todo aquello no tuviera nada que ver con ella. Jorge no pudo evitar mirarla con más atención.
Sin embargo, dirigió una mirada de desprecio a Leticia. Tan joven y ya con tantas intrigas... los Ferrero estaban acabados.
—¡No! ¡No podemos llamar a la policía! ¡Si va a la comisaría, Leticia está perdida! —exclamó Roberta con el rostro enrojecido.
Inmediatamente puso su atención en Silvia.
—Silvia, no puedes hacerle esto a Leticia. Después de todo, fuiste s