Un fuerte olor a alcohol, había estado bebiendo.
Lo ayudó a sentarse en el sofá, las manos de Daniel se aferraban desesperadamente al brazo de Silvia, murmurando:
—Sisi...
—¿Por qué viniste a San Noc? ¿Por qué viniste a buscarme? —preguntó cuestiones que no tendrían respuesta.
Daniel frunció ligeramente el ceño, como si estuviera teniendo una pesadilla, diciendo su nombre.
—No terminemos...
Silvia no pudo soportarlo y apartó la mirada, pero esa voz se clavó como una espina en sus oídos, su coraz