Golpeaba la puerta desesperada, pero no había respuesta. Silvia estaba sentada afuera de la puerta, detrás de ella se escuchaban los gemidos de Vivian, y se contuvo del impulso de abrir la puerta.
—Vivi, tú puedes.
Apenas era el segundo día, si no podía aguantar esto, ¿qué iba a pasar con los cinco días restantes? ¿Acaso se iba a rendir?
Detrás de la puerta ya no había ningún movimiento ni sonido. Miró la vigilancia en su teléfono, Vivian estaba sentada en el suelo, llorando a mares.
Su dedo tem