En la puerta de la estación de policía, Carlos miró con rostro exhausto a Fátima siendo escoltada hacia afuera.
Hasta ahora no podía creer que Fátima hubiera hecho eso. Había sospechado de Leticia, había sospechado de Roberta, pero nunca había sospechado de Fátima.
Todo porque había estado demasiado seguro de sí mismo, seguro de que podía controlar el corazón de Fátima, seguro de que la Fátima que conocía siempre había sido bondadosa.
—Carlos, por fin salí —Fátima con los ojos enrojecidos quiso