Martín sonrió e intentó argumentar para que todo pareciera natural.
—Srta. Somoza, disculpe que hayamos venido sin avisar. —El hombre alto y noble asintió cortésmente con la cabeza, con un brillo astuto en los ojos.
—Hola, Silvia. —Vivian miró a la cálida y bonita mujer que tenía delante, sus ojos se curvaron en una sonrisa muy agradable. —Me llamo Vivian.
Silvia miró a la bonita chica y entendió el asunto.
—Hola, chicos, pasen. —Silvia se puso a un lado y les invitó a pasar.
—Charlen ustedes, y