Sonia observó atónita cómo Leticia huía precipitadamente. Sus pupilas se contrajeron, como si recordara algo importante, y salió corriendo.
Mientras tanto, Leticia ni siquiera tuvo tiempo de recoger su mochila, mucho menos de pedir permiso para ausentarse. Salió directamente por la puerta de la escuela, detuvo un coche y regresó a casa.
Roberta se sorprendió al verla: —Leticia, ¿no tenías clase esta tarde? ¿Por qué has vuelto? He quedado con dos amigas para jugar a las cartas.
Leticia miró a Rob