En la mansión de los Ferrero, Leticia no lograba calmarse al recordar lo sucedido en la escuela. Furiosa, se dirigió al despacho para contárselo a Carlos.
Al llegar a la puerta, escuchó que Carlos hablaba por teléfono. Al oír el nombre de Silvia, inmediatamente pegó la oreja a la puerta.
—¿Tienes tiempo este fin de semana? El abuelo no ha tenido buen apetito estos días y tiene muchas ganas de verte. ¿Podrías venir a acompañarlo?
—Está bien, espera Silvia, ¿quieres que pase a recogerte?
¡¿Silvia?