PDV Amelia.
Tenia que volver a casa, a quien quería engañar, no podía huir, si mi madre toma té con la presidenta de la isla y mi padre juega golf con el gobernador, solo era cuestión de una llamada para que supieran que yo estaba con mi nana, yo no había llevado teléfono ni nada, pero era predecible, al estar todas mis amigas en la que se suponía era mi fiesta, el único lugar al que podía ir era a los brazos de la anciana que había ayudado a mi madre a cuidarme desde que nací.
–Mi niña – llam