—¡Ganamos! —gritó Malú abrazando a las niñas con las que había hecho equipo y vencido a los hombres en un partido de futbol.
A Abel el pecho se le hinchó, sonrió al verla reír y disfrutar con la gente del pueblo.
—¿Deseas agua? —cuestionó él, y le extendió un botellín.
—Gracias —respondió ella, y tomó la botella.
—¡Abel, mijito! —expresó una mujer de edad avanzada, caminaba con un bastón.
Él esbozó una amplia sonrisa, se acercó a ella, y con cuidado la abrazó.
—Maestra Beatriz, qué gusto