Malú jadeó al escucharlo, resopló.
—Debo llevarte a ver el otro lado de la moneda, y descubras por ti mismo, quién era en realidad esa mujer —expresó y enseguida notó el semblante descompuesto de Abel, se conmovió y suavizó el tono de su voz—, lo siento, no quise sonar insensible —se disculpó, se aproximó a él, lo abrazó—, lamento tanto que hayas tenido que pasar por todo esto —expresó con calidez, y se quedó pensativa.
«Podías haberte convertido en un delincuente, o en uno más de esos hombre