—¡Abel! ¡Malú!
Fueron los gritos desesperados del padre Teo.
—Algo ocurre —mencionó Malú, algo contrariada.
Abel soltó el aire que estaba conteniendo, por unos momentos se sintió liberado, pero esa tranquilidad era momentánea, sabía que de un instante a otro Malú retomaría la charla, y el momento decisivo llegaría.
—Voy a ver qué desea —comunicó Abel, aclarándose la voz.
Enseguida Malú bajó de la encimera, y se metió a la alcoba, Abel se colocó una camiseta y salió a abrir.
—Buenos día