Eduardo revisaba su móvil, entonces notó que la llamada de Mafer, duró más de lo que ella habló, se llevó la mano a la frente.
—¡No puede ser! —Ladeó los labios, divertido—, parece que eres una pervertida, y que te encanta escuchar lo que hacen otras personas. —Sonrió—, eres peor de lo que imaginaba Mafer Duque, toda una cajita de sorpresas. —Asintió. —¿Por qué me habrás llamado? —se cuestionó, miró la hora era tarde, y no podía molestarla, no era correcto—. Me comunicaré contigo en la mañana,