Una vez que Abel y Malú, se quedaron solos, él aprovechó para asegurar la cerradura, tomó a su mujer entre sus brazos, la acorraló contra una de las paredes y la besó sin piedad.
Malú se retorció de placer contra el muro, clavó sus uñas en los brazos de él, mientras sentía las manos de Abel, levantando la falda de su vestido, acariciando sus muslos.
—Me has hecho mucha falta —susurró al oído de ella.
—Tú a mi igual —respondió Malú, y de inmediato lo jaló de la correa del pantalón, y lo apret