(Renata Pellegrini)
A medida que el coche se acerca a la empresa, siento un escalofrío que me recorre la espina dorsal, me tiemblan las manos y cada vez respiro con más dificultad, sólo de imaginar las conversaciones que tendrán lugar en cuanto baje del coche me siento frustrado.
Miro a Filippo y no muestra nada, es como un muro, desde que salimos de la tienda se ha mantenido callado.
Empiezo a sentirme culpable. Sé que lo que ha hecho la empleada está mal, pero eso no justifica la forma en que