(Renata Pellegrini)
Por el rabillo del ojo veo que la otra mano de este bruto viene con un trapo sucio hacia mi nariz, imagino que es algo para desmayarme. Levanto mi brazo para romper el contacto, le doy un codazo en las costillas pero ni siquiera se mueve, apretando mi cuello aún más fuerte.
Dejó de hacerme desmayar con la tela y ahora usa su otro brazo para asfixiarme por la espalda. Respiro hondo y mantengo la calma, recuerdo las enseñanzas de mi padre. Sujeto su antebrazo con ambas manos