—Oh, veo mucha tensión sexual ahí —dijo Greg susurrándome al oído y yo me aparté de él entornando los ojos.
Le encanta molestarme.
A veces creo que vive para eso.
—Niño, no sé de qué me estás hablando.
Miento evidentemente ayudando a limpiar la mesa que recientemente han desocupado.
—Mujer, sí que lo sabes.
Puede verse a kilómetros como él se muere por ti y tu por él.
La afirmación de Greg lejos de desagradarme hace que mi vientre se apriete y el cosquilleo ya conocido volviera.
Algunas persona