Escuché un gruñido provenir de arriba y no me quedó la menor duda de que quien había ingresado en la habitación de Leo junto con Claudia era Sienna.
Incluso podía reconocerla por medio de un gruñido.
Los ojos de Claudia me miraban con inocente curiosidad y pensé rápidamente en una excusa para justificar mi tonto escondite.
Por Dios... ¡¿en qué había estado pensando?!
— ¡Clau, hola! —le sonreí ligeramente temblorosa a la niña quien extendió su sonrisa mucho más—. Es que se me había caído un aret